Hay algo curioso con todo esto del «bienestar».
Muchas veces parece que es un sitio al que hay que llegar. Como si, con las herramientas adecuadas, en algún momento fuéramos a estar tranquilos, centrados… y ya está. ¡Ya lo hemos logrado! ¡Hemos dado con la clave! ¡Otro logro para el ser humano!
Pero si te paras a pensarlo, eso no encaja mucho con cómo es la vida.
La vida con su color, sus altibajos, sus decepciones, sus alegrías, su caos.
Hay días en los que todo fluye. Y otros en los que no.
Momentos en los que te sientes con energía, y otros en los que todo pesa un poco más.
Y eso no significa que algo esté fallando.
Entonces, ¿qué es realmente la resiliencia?
Durante años se ha entendido como “aguantar”. Como tirar hacia adelante pase lo que pase, sin que se note demasiado.
Pero lo que vemos en investigación es bastante más sencillo – y bastante más humano.
La resiliencia tiene más que ver con la capacidad de adaptarse y de recuperar cierto equilibrio después de momentos de activación o dificultad (Southwick, S. M. et al. (2014). Resilience definitions, theory, and challenges).
Se trata de la capacidad de poder volver. Volver a un punto donde hay un poco más de espacio.
Un poco más de claridad. Un poco más de ti.
El papel del cuerpo (aunque no lo tengamos muy en cuenta)
Cuando algo te afecta – estrés, presión, una conversación incómoda – el primer impacto no es mental. Es físico.
La respiración cambia sin que te des cuenta.
El cuerpo se tensa.
El ritmo interno se acelera.
Si sabes escuchar atentamente a tu cuerpo puedes notar muchos más cambios.
Y desde ahí, es fácil quedarse enganchado en ese estado.
Intentar “pensar mejor” en ese momento suele ser frustrante, porque el sistema sigue activado.
Sin embargo, cuando incluyes el cuerpo en la ecuación, algo empieza a moverse.
Darse cuenta ya cambia cosas
Aquí es donde entra el mindfulness, pero en su versión más aterrizada.
No como técnica perfecta, ni como momento especial del día.
Más bien como la capacidad de notar lo que está pasando mientras está pasando.
A veces es tan simple como darte cuenta de que estás conteniendo la respiración.
O de que llevas los hombros arriba.
O de que todo va un poco más rápido de lo que te gustaría.
Ese pequeño momento de conciencia introduce una pausa.
Y esa pausa abre la puerta a elegir, en lugar de reaccionar en automático.
Este tipo de prácticas han demostrado mejorar la regulación emocional y la resiliencia en distintos contextos (Hölzel, B. K. et al. (2011). Mindfulness practice leads to increases in regional brain gray matter density).
Una forma más realista de verlo
Quizá el bienestar no tiene tanto que ver con “estar bien” todo el tiempo. Sino con tener recursos para no perderte del todo cuando no lo estás.
Con poder notar lo que ocurre sin añadir más ruido.
Con poder acompañarte, en lugar de exigirte.
Y con confiar en que los estados cambian, aunque a veces tarden un poco.
La resiliencia está en esos pequeños momentos en los que te das cuenta.
En los que haces una pausa.
En los que vuelves, aunque sea un poco.
Y desde ahí, poco a poco, se va construyendo algo más estable y mucho más sostenible.