Puedes decirlo perfecto… y que aun así no funcione

En muchos equipos, cuando algo se tuerce, la conversación suele ir por el mismo camino.

“Hay que comunicarse mejor.”
“Falta claridad.”
“No nos estamos entendiendo.”

Y sí, a veces es eso. Pero muchas otras veces, no.

Puedes tener el mensaje bien pensado, las palabras elegidas, la intención clara…
y aun así, la conversación no llega.

Se cruza. Se tensa. Se bloquea.

Y ahí es donde suele haber algo más pasando.


Lo que ocurre antes de que abras la boca

Imagina una reunión cualquiera.

Alguien dice algo que no esperabas.
Quizá no te ataca directamente, pero hay algo en el tono, en la forma o en el momento que te incomoda.

Y en cuestión de segundos, el cuerpo cambia.

La respiración se acorta.
El ritmo interno sube.
Aparece una ligera tensión.

No hace falta que sea evidente.

Pero ya no estás igual.

Desde ahí, tu forma de comunicar también cambia.

El tono se vuelve más seco.
Las respuestas más rápidas.
Escuchas menos de lo que crees.

Esto no es falta de habilidades.

Es fisiología.

Cuando el cerebro percibe una posible amenaza – aunque sea sutil – prioriza protegerse antes que conectar. Este cambio en el estado interno afecta directamente a cómo interpretamos la información, cómo respondemos y qué decisiones tomamos (Rock, D. (2008). SCARF: A brain-based model for collaborating with and influencing others).


Por qué reaccionamos (aunque no queramos)

En esos momentos, no solemos estar eligiendo conscientemente cómo responder.

Estamos reaccionando.

Interrumpimos antes de tiempo.
Nos ponemos a la defensiva.
O, en el otro extremo, nos callamos más de la cuenta.

Y lo curioso es que muchas veces salimos de la reunión pensando que “la comunicación no ha sido buena”.

Cuando en realidad, el problema empezó bastante antes de que alguien hablara.

Empezó en el estado.


El estado desde el que hablas lo cambia todo

La comunicación no es solo contenido.

Es ritmo.
Es tono.
Es presencia.

Y todo eso está profundamente influido por cómo está tu sistema en ese momento.

Cuando hay cierta calma interna, es más fácil escuchar, matizar, sostener una conversación incómoda sin que escale.

Cuando hay activación, todo se vuelve más rígido, más rápido, más reactivo.

Esto también impacta en la toma de decisiones. El estrés reduce la capacidad de evaluar información con claridad y favorece respuestas más impulsivas (Starcke, K., & Brand, M. (2012). Decision making under stress).


Lo que sí empieza a marcar diferencia

Aquí no estamos hablando de técnicas complejas.

Estamos hablando de introducir pequeños cambios en momentos muy concretos.

Por ejemplo:

Antes de responder

Darte un segundo.

Literalmente un segundo.

Notar cómo estás respirando.
Dejar que el aire salga un poco más lento.

Ese micro-espacio muchas veces es suficiente para que la respuesta no salga en automático.


En reuniones que se tensan

En lugar de empujar más fuerte, hacer lo contrario.

Bajar ligeramente el ritmo.
Hablar un poco más despacio.
Escuchar sin preparar la siguiente frase.

Puede parecer mínimo, pero cambia completamente la dinámica.


Después de un momento incómodo

No saltar directamente a lo siguiente.

Dar unos segundos para que el cuerpo baje.

Porque si no, lo que arrastras no es solo la conversación… es el estado.


Liderazgo y regulación

Cada vez hay más evidencia de que la capacidad de autorregulación está directamente relacionada con el estilo de liderazgo y el clima de equipo.

No tiene que ver con ser más “tranquilo”.

Tiene que ver con poder sostener conversaciones, decisiones y situaciones sin que el sistema se desborde constantemente.

Prácticas como el mindfulness han demostrado mejorar esta capacidad y tener un impacto positivo en la comunicación y el liderazgo (Reb, J. et al. (2014). Mindfulness and leadership: communication and emotional regulation).

En muchos equipos, el foco está en mejorar lo que se dice.

Pero lo que suele marcar la diferencia es desde dónde se dice.

Porque puedes decirlo perfecto…
y que aun así no funcione.

Y otras veces, con menos palabras, pero desde un lugar más regulado…
la conversación simplemente fluye.

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